Colosenses 1:6 (NTV) Esa misma Buena Noticia que llegó a ustedes ahora corre por todo el mundo. Da fruto en todas partes mediante el cambio de vida que produce, así como les cambió la vida a ustedes desde el día que oyeron y entendieron por primera vez la verdad de la maravillosa gracia de Dios.

 

Hay tres verdades importantes que este versículo nos enseña, y vale la pena analizarlas de manera breve, pero profunda.

 

La primera verdad es esta: la buena noticia corre por todo el mundo. El apóstol Pablo declara que ese mensaje, desde el momento en que comenzó a ser anunciado, empezó a extenderse sin detenerse. Desde hace más de dos mil años, esa noticia ha viajado por naciones, culturas, ciudades y generaciones.

 

Ese mensaje llegó hasta nuestros rincones, llegó a nuestras ciudades, llegó a nuestros oídos, y continúa alcanzando nuevas vidas cada día. No se ha detenido, no ha perdido poder, no ha desaparecido con el paso del tiempo. Sigue avanzando.

 

La segunda verdad es que la buena noticia da fruto en todas partes. No es simplemente información que se escucha y luego se olvida. No es como tantas noticias de este mundo que aparecen un día y al siguiente ya nadie recuerda.

 

La palabra de Dios no llega como un rumor pasajero. Cuando el Evangelio llega, produce resultados. Tiene impacto, genera transformación y deja evidencia visible en la vida de las personas. Mientras muchas noticias entretienen por un momento, la buena noticia de salvación cambia destinos eternos. Por eso Pablo dice que da fruto en todas partes donde llega.

 

La tercera verdad responde a una pregunta importante: ¿qué tipo de fruto produce? El versículo lo dice claramente: produce un cambio de vida. Ese es el fruto principal del Evangelio. Cuando una persona escucha verdaderamente el mensaje de Cristo y lo recibe en su corazón, algo comienza a transformarse en su interior.

 

No puede seguir viviendo de la misma manera. La gracia de Dios no deja a nadie igual. Hay cambios en la manera de pensar, de hablar, de actuar, de decidir y de relacionarse con los demás.

 

La Biblia nos enseña que quien recibe esta verdad comienza un proceso nuevo. El mentiroso ya no quiere mentir, el engañador ya no quiere engañar, el que vivía perdido ahora desea agradar a Dios. La evidencia del Evangelio no son solo palabras, sino una vida transformada.

 

Entonces, repasemos estas tres verdades absolutas:

 

  • Número uno: la buena noticia corre por todo el mundo.
  • Número dos: produce fruto donde llega. 
  • Número tres: ese fruto se manifiesta como un cambio de vida.

 

¿Estas tres verdades están ocurriendo en tu vida? Es decir, ¿esta buena noticia sigue corriendo a otras personas a través de ti, o llegó a ti y allí se detuvo? Si llegó a nosotros y no la compartimos, entonces el fluir se estanca. Fuimos llamados no solo a recibirla, sino también a anunciarla.

 

También debemos preguntarnos: ¿sigue produciendo fruto en nosotros? ¿Se sigue viendo crecimiento espiritual, madurez, transformación, hambre por Dios? Y una tercera pregunta: ¿se nota un cambio de vida en ti? Porque el Evangelio verdadero siempre deja huella en quien lo recibe.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de analizar y reflexionar sobre tu palabra.

 

Un solo versículo puede traernos verdades profundas, contundentes y eternas. Hoy entendemos que la buena noticia no fue diseñada para detenerse, sino para seguir avanzando de vida en vida y de corazón en corazón.

 

Señor, no queremos que ese mensaje se estanque en nosotros. Queremos que siga fluyendo, extendiéndose y corriendo por todas partes del mundo. Permite que también siga produciendo fruto en nuestra vida. Que ese fruto sea visible como transformación, crecimiento espiritual, madurez y obediencia.

 

Haz que en nosotros haya un verdadero cambio de vida. Que quienes nos rodean puedan notar que tu palabra ha hecho una obra real en nuestro interior.

 

Padre celestial, ayúdanos y respáldanos para seguir llevando esta buena noticia a otros. Que cada persona que escucha el Evangelio, que escucha este devocional, pueda sentir cómo tu palabra toca su corazón y produce renovación.

 

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!