1 Corintios 10:1 (NTV) Amados hermanos, no quiero que se olviden de lo que les sucedió a nuestros antepasados hace mucho tiempo en el desierto. Todos fueron guiados por una nube que iba delante de ellos y todos caminaron a través del mar sobre tierra seca.
El apóstol Pablo le escribe a la iglesia de Corinto con una exhortación clara y profunda: aprendan de las experiencias de quienes los precedieron. Existe un dicho que afirma que es muy inteligente aprender de los propios errores, pero que solo los sabios aprenden de los errores de otros. Es decir, no es necesario que algo grave nos suceda para entender una lección cuando podemos observar lo que otros hicieron mal y evitar repetirlo.
Eso es precisamente lo que Pablo propone. Les recuerda lo que vivieron sus antepasados en el desierto y cómo, a pesar de haber experimentado lo sobrenatural, fallaron en lo más importante. Todos ellos caminaron bajo la protección divina, fueron guiados por la nube que representaba la presencia de Dios y atravesaron el mar en tierra seca. Vivieron la gloria de Dios de primera mano.
Ellos no escucharon historias de un Dios poderoso, ellos caminaron con Él. Vieron cómo la nube se movía de manera sobrenatural en el desierto, cómo el mar se abría para que el pueblo de Dios avanzará y cómo el Señor suplía cada una de sus necesidades. Bebieron agua de la roca, y la Biblia nos enseña que esa roca representaba a Cristo mismo, quien estaba con ellos.
Sin embargo, más adelante el apóstol Pablo hace una afirmación impactante: Dios no se agradó de la mayoría de ellos y sus cuerpos quedaron dispersos en el desierto. De todos los que salieron de Egipto rumbo a la tierra prometida, solo dos lograron entrar. La razón es clara: Dios no se agradó de su conducta.
¿En qué fallaron? A pesar de caminar tan cerca de la presencia de Dios, se dejaron llevar por pasiones desenfrenadas, cayeron en la idolatría, murmuraron contra Moisés y se opusieron a la autoridad que Dios había establecido. No entendieron que al criticar y resistir a Moisés, en realidad se estaban oponiendo a Dios mismo.
Además, se entregaron a celebraciones paganas y prácticas idolátricas en pleno desierto. Aun cuando la presencia de Dios los protegía y los guiaba, dieron la espalda al Señor y desearon alejarse de Él. Por eso Pablo insiste: estas cosas quedaron escritas para que nosotros aprendamos.
La advertencia es clara para nosotros hoy. No sea que, después de caminar por años cerca de la presencia de Dios, leyendo la Biblia, asistiendo a la iglesia y buscando agradarle, un error, un deseo desenfrenado, una infidelidad, una inmoralidad sexual o la idolatría nos deje tendidos en medio del camino, como ocurrió con el pueblo en el desierto.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos las gracias por la oportunidad que nos das de meditar en tu Palabra. Dice el dicho que es inteligente aprender de los propios errores, pero que el sabio aprende de los errores de los demás.
Señor, las historias que quedaron narradas en la Biblia acerca del pueblo de Israel fueron dejadas como advertencia para nosotros. El apóstol Pablo nos enseña que, aun caminando tan cerca de Ti y viendo lo sobrenatural día a día, ellos escogieron darte la espalda y oponerse a tu autoridad.
Mi Dios, permítenos aprender de esa experiencia. Que voluntariamente nos rindamos a Ti, sin buscar alejarnos de tu presencia ni resistir tu voluntad. No permitas que, camino a la tierra prometida, nuestros cuerpos queden dispersos en el desierto a causa de la dureza de nuestro corazón.
Hoy cancelamos toda dureza, todo deseo desenfrenado, y determinamos que, aun siendo tentados, escogeremos lo correcto, ser hijos de obediencia y vivir sometidos a tu autoridad. Gracias, Padre. Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!