Malaquías 1:2 (NTV) «Yo siempre los he amado, dice el Señor.»
Sin embargo, ustedes replican: «¿De veras? ¿Cómo nos has amado?».
Entonces el Señor contesta: «Yo les he demostrado mi amor de la siguiente manera: amé a su antepasado Jacob...»
Este versículo es una declaración directa de Dios hacia su pueblo por medio del profeta Malaquías. En este pasaje, Dios se dirige a sus hijos para confrontarlos y llevarlos a reflexionar acerca de su actitud hacia Él, acerca de la manera en que lo estaban tratando y de la forma en que estaban viviendo su relación con Dios.
El libro de Malaquías está marcado por un tono fuerte de corrección. Dios se muestra cansado de la manera superficial y distante en la que el pueblo se relacionaba con Él. Por esa razón comienza a reclamar, a exigir y a llamar la atención de su pueblo para que reconsideren su comportamiento y su actitud espiritual.
Dios les pide que examinen su corazón y que respondan a su amor de una manera genuina. El Señor había demostrado su amor constantemente, pero el pueblo no lo reconocía ni lo valoraba.
Por eso, en este versículo, Dios declara: “Yo siempre los he amado.” Sin embargo, el pueblo responde con incredulidad y pregunta: “¿De veras? ¿Cómo nos has amado?” Es sorprendente que el pueblo de Dios pudiera cuestionar algo tan claro como su amor. Y aquí quiero hacer una pausa, porque de alguna manera ese mismo cuestionamiento sigue existiendo en nuestros días.
Todavía hay personas que se preguntan si Dios realmente los ama. Hay quienes cuestionan el amor de Dios y dicen: “¿Cómo sé que Dios me ama? ¿Dónde está la evidencia de su amor hacia mí?” Muchas personas incluso viven con heridas emocionales profundas y llegan a pensar que Dios no los ama. Algunos cargan dolor, resentimiento o frustración por las experiencias difíciles que han vivido en su vida.
Hay quienes responsabilizan a Dios por las tragedias que han sufrido, por los traumas que han experimentado o por las circunstancias difíciles que han atravesado. Ese dolor puede llevar a algunas personas a sentir enojo, rencor o resentimiento contra Dios.
En nuestra sociedad actual se han visto incluso casos extremos en los que personas han intentado responsabilizar legalmente a Dios por lo que les ha sucedido en la vida. Ese nivel de frustración refleja un corazón que no ha podido reconocer el amor de Dios.
Hay muchas personas que caminan por la vida cargando enojo, molestia o resentimiento contra Dios. Y cuando alguien vive con ese sentimiento, le resulta difícil reconocer las evidencias del amor de Dios en su vida. Sin embargo, Dios declara claramente: “Yo les he demostrado mi amor.”
Si regresamos al versículo de Malaquías, vemos que Dios le habla directamente al pueblo de Israel y les recuerda algo muy importante. Dios les dice que siempre los ha amado y que existen evidencias claras de ese amor. El Señor les dice: “Yo les he demostrado mi amor de la siguiente manera: amé a su antepasado Jacob.” Para comprender esto, debemos recordar una parte de la historia bíblica. Rebeca había tenido gemelos en su vientre: Jacob y Esaú. Esaú era el mayor y, según la tradición, era quien debía recibir el derecho de primogenitura y las bendiciones familiares.
Legalmente, Esaú era el heredero de las promesas y de las bendiciones. Sin embargo, Dios decidió escoger a Jacob para que fuera el portador de la promesa y el heredero de su bendición. Por eso Dios le recuerda al pueblo: “Yo amé a Jacob, su antepasado.”
Con esa declaración, Dios les estaba mostrando una evidencia concreta de su amor hacia la nación de Israel. Les estaba diciendo que había decidido bendecirlos, protegerlos y guiarlos a lo largo de su historia. De alguna manera, Dios les estaba diciendo: “Ahí está la demostración de mi amor hacia ustedes.” Sin embargo, incluso con esas evidencias, el pueblo seguía cuestionando el amor de Dios. Y algo similar ocurre hoy en nuestra sociedad.
Dios sigue diciendo que nos ama, pero muchas personas siguen preguntando: “¿Cómo nos has amado?” Algunas personas dicen: “¿Cómo dices que me amas si he sufrido tanto en la vida? ¿Cómo dices que me amas si no estuviste cuando mis padres me maltrataban, cuando fui humillado en la escuela o cuando atravesé momentos de dolor?”
Otros cuestionan a Dios diciendo: “¿Cómo me amas si mi economía está arruinada, si mi cuerpo está enfermo o si las cosas no han salido como esperaba?” Pero ante todos esos cuestionamientos, Dios podría responder con una sola y poderosa verdad: “Les he demostrado mi amor al enviar a mi Hijo Jesucristo a morir en la cruz por ustedes.”
Esa es la mayor evidencia del amor de Dios por la humanidad. El sacrificio de Jesús en la cruz es la demostración suprema del amor de Dios. Por eso debemos entender algo importante: el amor verdadero se demuestra. Y Dios no solo ha hablado de amor, sino que lo ha demostrado una y otra vez a lo largo de la historia. Intentar contender o discutir con Dios acerca de su amor no tiene sentido, porque Él tiene todas las evidencias de su amor hacia nosotros.
Dios ha mostrado su amor de muchas maneras, pero la mayor de todas fue enviar a Jesucristo para salvarnos. Este devocional también nos deja una enseñanza importante para nuestra vida diaria. Así como Dios demuestra su amor, nosotros también debemos aprender a demostrar amor a las personas que amamos.
Debemos demostrar amor a nuestras esposas, a nuestros hijos, a nuestros familiares y a las personas que Dios ha puesto en nuestra vida. Pero, sobre todo, si decimos que amamos a Dios, también debemos demostrarlo con nuestras acciones, con nuestra obediencia y con nuestra vida.
ORACIÓN

Padre celestial, te damos gracias por la oportunidad que nos das de recibir tu palabra y permitir que ella traiga vida a nuestros corazones.
Hoy hemos aprendido que el amor verdadero se demuestra, y que tú siempre has demostrado tu amor hacia nosotros. Así como se lo recordaste a tu pueblo en el pasado, también hoy nos recuerdas que tu amor ha estado presente en nuestra vida.
La mayor demostración de tu amor fue cuando enviaste a tu Hijo Jesucristo para morir por nosotros, y por ese regalo tan grande te damos gracias, Señor. Padre, así como tú nos has enseñado a través de tu ejemplo, queremos aprender a demostrar nuestro amor. Queremos demostrar amor hacia las personas que nos rodean y, sobre todo, demostrar nuestro amor hacia ti.
Hoy queremos decirte que te amamos. Queremos reconocer que ocupas el primer lugar en nuestras vidas y que tienes un lugar especial en nuestro corazón. Señor, todo lo que hacemos y todo lo que decidimos hacer queremos hacerlo para ti. Queremos poner nuestra vida delante de ti como un servicio sincero, como una ofrenda viva que te honre.
Tal vez nunca podremos demostrar amor de la misma manera perfecta en que tú lo has hecho, pero queremos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para vivir una vida que refleje nuestro amor por ti.
Gracias, Padre, por tu amor infinito y por recordarnos que siempre has estado presente.
Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!