Santiago 5:7 (NTV) Amados hermanos, tengan paciencia mientras esperan el regreso del Señor. Piensen en los agricultores, que con paciencia esperan las lluvias en el otoño y la primavera. Con ansias esperan a que maduren los preciosos cultivos.
Esta enseñanza está dirigida directamente a los hijos de Dios y tiene una profunda relación con la promesa del retorno de Cristo.
Desde antes de su muerte y resurrección, Jesús anunció que volvería. Él mismo dijo que se adelantaba para preparar un lugar para nosotros, pero que regresaría por su pueblo. Esta promesa quedó registrada hace más de dos mil años y fue difundida por los apóstoles, y hasta el día de hoy seguimos proclamando el mismo mensaje: Jesús regresará.
La Biblia nos enseña que su venida ocurrirá cuando la cosecha esté madura, cuando los frutos estén listos para ser recogidos. Ese será un acontecimiento glorioso, y la Escritura utiliza la figura del agricultor para ayudarnos a entender este proceso. El agricultor no apresura la cosecha; espera con paciencia las lluvias del otoño y de la primavera hasta que el fruto alcanza su punto correcto de maduración.
Esta misma enseñanza la podemos aplicar a nuestra vida diaria. Muchas veces queremos obtener recompensas, resultados y frutos de manera inmediata. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que el proceso de Dios requiere paciencia. Jesús tendrá gran satisfacción cuando venga a recoger una cosecha de personas maduras, transformadas, con una fe firme y un carácter formado.
Cristo vendrá por personas que han aprendido a renovar su mente, a cambiar su manera de pensar, a madurar espiritualmente, a vivir con amor, respeto, misericordia y paciencia. Estos son frutos del Espíritu Santo que solo se desarrollan con el tiempo y a través de procesos.
Jesús ha esperado más de dos mil años, no por descuido, sino porque su deseo es que los frutos maduren aquí en la tierra. Ese mismo principio debería guiarnos a nosotros. Muchas veces comenzamos algo y queremos resultados inmediatos, pero así no funciona la vida, ni tampoco es el modelo de Dios para nosotros.
Por eso el apóstol Santiago nos dice que aprendamos del agricultor, que espera con mucha paciencia las lluvias necesarias para que los frutos maduren. Este principio aplica a todas las áreas de nuestra vida.
Si recientemente iniciaste un emprendimiento, un negocio o lanzaste una compañía, es normal que quieras ver resultados grandes, visibles y rápidos. Sin embargo, el consejo bíblico es claro: sé paciente. Entre mayores sean los resultados que deseas obtener, mayor será el tiempo y la constancia que se requieren.
Está comprobado que un negocio o emprendimiento no da frutos sólidos el primer año, ni el segundo, ni muchas veces el tercero. Generalmente empieza a consolidarse después de cinco años y alcanza plenitud alrededor de los diez años. Cuando se les pregunta a personas exitosas cuánto tiempo llevan haciendo lo que hacen, la mayoría responde que al menos diez años o más.
Este principio se repite en todo lo que emprendemos. No podemos pretender resultados extraordinarios sin procesos prolongados. Esto también aplica a las redes sociales, al contenido digital y a los proyectos personales. Hoy muchos jóvenes sueñan con ser influencers, youtubers o creadores de contenido, pero no consideran el tiempo, la constancia y la paciencia que esto requiere.
Los grandes creadores de contenido, como los más reconocidos a nivel mundial, no llegaron a donde están de la noche a la mañana. Han sido años de trabajo constante, disciplina y perseverancia. El éxito visible es el resultado de un proceso invisible que tomó tiempo.
El mensaje del devocional de hoy es claro: seamos pacientes, perseveremos y no nos cansemos de seguir sembrando. Aprendamos a esperar la lluvia con paciencia, tal como lo hace el agricultor, confiando en que el fruto llegará en el tiempo correcto.
Finalmente, recordamos nuevamente lo que dice Santiago 5:7: “Amados hermanos, tengan paciencia mientras esperan el regreso del Señor. Piensen en los agricultores que con paciencia esperan la lluvia en el otoño y la primavera, con ansias de que maduren los preciosos cultivos.”
Las recompensas más grandes de la vida requieren tiempo, dedicación, paciencia y esfuerzo. Vale la pena esperar.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de ser guiados e instruidos por tu Palabra. Hoy aprendemos que la paciencia es un principio espiritual que Tú mismo nos has modelado al esperar por más de dos mil años a que los frutos maduren.
Así como el agricultor espera el tiempo necesario hasta que la preciosa cosecha está lista, hoy nos enseñas que nosotros también debemos ser pacientes y respetar los procesos de crecimiento en todo lo que emprendemos.
Oro para que cada persona que está en la sintonía reciba una dosis suficiente de paciencia, para saber esperar el tiempo necesario hasta ver la maduración de su esfuerzo, en su emprendimiento, en su trabajo, en su empresa, en su familia y en la formación de sus hijos.
Permite, Señor, que aprendamos que la paciencia es uno de los elementos más importantes cuando deseamos ver resultados duraderos. Que esta enseñanza quede grabada en nuestros corazones.
Padre, gracias. Bendigo a cada persona que participa de este devocional y oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!