Hechos 4:13 (NTV) Los miembros del Concilio quedaron asombrados cuando vieron el valor de Pedro y de Juan, porque veían que eran hombres comunes sin ninguna preparación especial en las Escrituras. También los identificaron como hombres que habían estado con Jesús.
En esta ocasión, los apóstoles Pedro y Juan habían sido capturados y llevados ante el concilio. La razón de su arresto fue que habían sanado a un hombre paralítico. Todo ocurrió en el templo, en la entrada del pórtico, donde aquel hombre estaba pidiendo dinero.
Entonces Pedro le dijo una de las frases más impactantes de la Biblia: “No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy.” Y en el nombre de Jesús, aquel paralítico fue sanado y se levantó delante de todos. El milagro fue evidente. Nadie podía negar lo que había sucedido.
Por causa de esto, Pedro y Juan fueron detenidos y llevados ante el concilio, donde estaban presentes gobernadores romanos, sacerdotes y líderes religiosos importantes. Entre ellos se encontraba Caifás, el sumo sacerdote que había liderado el proceso de acusación y crucifixión del Señor Jesucristo.
Cuando comenzaron a interrogarlos, les preguntaron con qué poder habían hecho aquel milagro. Querían saber cómo habían logrado sanar al paralítico. Entonces Pedro respondió con valentía y contundencia. Les dijo que aquel hombre había sido sanado únicamente por el poder de Jesucristo, a quien ellos mismos habían rechazado, condenado y crucificado.
Pedro comenzó a explicarles que Jesús era la piedra que ellos habían desechado, pero que ahora se había convertido en la piedra principal sobre la cual estaba siendo edificada esta nueva fe. Lo sorprendente de toda esta historia es la reacción de los miembros del concilio. La Biblia dice que quedaron asombrados al ver el valor y la seguridad con la que hablaban Pedro y Juan.
¿Y qué era lo que más les sorprendía? Que estos hombres eran completamente comunes. No eran expertos en las Escrituras, no eran maestros de la ley, ni grandes estudiosos reconocidos por la religión de aquella época.
No tenían títulos importantes ni una preparación académica especial. Eran personas normales, sencillas y comunes. Y precisamente ahí está el mensaje poderoso de este devocional: Dios sigue usando personas comunes para hacer avanzar su reino. Personas como Pedro. Personas como Juan. Personas como tú y como yo.
Muchas veces pensamos que para servir a Dios necesitamos alcanzar cierto nivel, cierta perfección o cierto grado de conocimiento. Pero este pasaje nos demuestra que lo más importante no era el reconocimiento académico de aquellos hombres, sino que habían estado con Jesús.
Eso era lo que marcaba la diferencia. Cuando una persona ha estado con Jesús, algo cambia en su manera de hablar, en su valentía, en su fe y en su manera de vivir. Dios continúa buscando personas dispuestas, personas que se atrevan a hablar de Él, a compartir lo que han recibido y a anunciar las maravillosas obras que ha hecho en sus vidas.
Así que hoy quiero animarte a hacerlo. No te limites pensando que eres alguien común, porque precisamente ese tipo de personas son las que Dios ha usado a lo largo de toda la historia bíblica.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque cada vez que leemos tu palabra recibimos nuevas fuerzas, nueva vida y dirección para nuestras vidas.
Hoy nos has enseñado que son personas comunes las que tú buscas y utilizas para edificar tu reino. Personas sencillas, dispuestas y con un corazón disponible para servirte. Gracias, Señor, porque esto nos recuerda que no necesitamos ser perfectos ni tener un reconocimiento especial para que tú puedas usarnos.
Así como utilizaste a Pedro y a Juan, hoy también queremos ponernos a tu disposición. Presentamos nuestra vida delante de ti y te pedimos que nos uses para hablar de tu amor y de tu verdad a las personas que nos rodean.
Padre celestial, bendice especialmente a aquella persona que ha sentido el deseo de hablar de ti, de predicar y compartir su fe, pero que ha tenido temor o se ha sentido incapaz. Tal vez alguien les hizo creer que necesitaban alcanzar cierto nivel espiritual o mucho conocimiento antes de servirte. Pero hoy entendemos que tú buscas personas disponibles y obedientes.
Señor, quita todo temor, toda inseguridad y toda mentira que les haya impedido hablar de ti con valentía. Permite que, así como Pedro habló con firmeza delante del concilio, también nosotros podamos hablar con convicción acerca de las grandes cosas que tú has hecho en nuestras vidas.
Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!