Este salmo, el capítulo 121, habla de la protección de Dios, de no temer y de estar conscientes y seguros de que su cuidado está con nosotros.

 

En los versículos anteriores y posteriores, la Biblia declara que el Dios que nos cuida no se duerme ni se adormece, sino que está continuamente protegiéndonos. La Escritura compara su cuidado con una sombra que nos acompaña, mostrando que, así como no podemos separarnos de nuestra sombra, tampoco podemos separarnos de su protección.

 

Cuán importante es, queridos, estar seguros de esta protección, especialmente en tiempos de dificultad y persecución. Estos tiempos no son exclusivos de una sola época; la persecución ha existido a lo largo de la historia. Incluso en momentos de gran esplendor, como en ciertas etapas de Europa, también hubo persecución y, por lo tanto, necesidad de la protección divina.

 

En cualquier lugar del mundo, en cualquier región y en cualquier época, siempre será necesaria la protección de Dios. Saber que Él está con nosotros da confianza, fortaleza y seguridad. La Biblia resume su cuidado comparándolo con la sombra, para mostrarnos que su protección no se aparta de nosotros.

 

Estos versículos dicen algo muy significativo: “Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá.” Esto me recuerda una experiencia que viví hace algunos años, cuando un pastor que venía de fuera del país quiso visitar un templo hindú por curiosidad turística. Al entrar, nos pidieron que no hiciéramos ruido porque los dioses estaban durmiendo.

 

Aquello me impactó profundamente, porque pensé: si sus dioses están dormidos, ¿quién cuida a las personas que creen en ellos? En ese lugar, las personas deben cuidar a sus dioses, no despertarlos, atenderlos y protegerlos.

 

Con nosotros es completamente diferente. Según la Biblia, Dios es quien nos cuida a nosotros. Él no descansa, no duerme y no se adormece. Él está continuamente extendiendo su favor, su gracia, su amor, su cuidado, su provisión y su protección. Solo Él es digno de hacer esto.

 

Por eso este salmo es tan especial. Dice claramente: “El que te cuida no se dormirá.” Y en el versículo 4 afirma: “En efecto, el que cuida a Israel nunca duerme ni se adormece.”

 

El versículo que hoy leemos reafirma esta verdad: “El Señor mismo te cuida; el Señor está a tu lado como tu sombra protectora.” Este pasaje nos recuerda que Dios no se aparta, no descansa y permanece con nosotros en todo momento.

 

La protección de Dios ha sido necesaria en todas las épocas, en todas las regiones del planeta y en todo tiempo. No solo fue necesaria para Israel, el pueblo judío, sino también para nosotros, los creyentes, quienes a lo largo de la historia hemos enfrentado persecución.

 

Jesús mismo nos advirtió que seríamos enviados como ovejas en medio de lobos, y que el intento de hacer daño a los hijos de Dios siempre existiría. Por esta razón necesitamos su cuidado y su protección.

 

Lo hermoso de todo esto es que la Biblia nos enseña cómo es ese cuidado: un cuidado que nunca se despega de nosotros. Por eso, queridos amigos, hoy somos invitados a confiar plenamente en esta protección divina y a orar para que esta verdad permanezca viva en nuestro corazón.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te doy gracias por la oportunidad que nos das de conectarnos a tu corazón por medio de tu Palabra.

 

Señor, reconocemos que tu protección y tu cuidado están siempre con nosotros, aunque en algunas ocasiones nos hayamos sentido desprotegidos o vulnerables ante los ataques del enemigo.

 

Hoy somos conscientes de que tú nunca descansas y nunca duermes, y que tu protección es como una sombra a nuestro lado, de la cual no podemos apartarnos. Tu cuidado es permanente, constante y fiel, y esta promesa la recibimos como un beneficio de ser tus hijos.

 

Mi oración, Señor, es por aquella persona que se ha sentido desprotegida, invadida por el temor, la duda o la inseguridad. Que en este momento reciba confianza y paz, recordando que tú no duermes y que tu protección está sobre tu vida.

 

En tus manos entrego a cada persona que está en sintonía con este devocional, especialmente a quienes han sido invadidos por el temor, la incredulidad o el sentimiento de abandono. Hoy declaramos que tu protección se activa sobre cada uno, y que son conscientes de que tienen un Dios que los guarda y los protege en medio de cualquier persecución o ataque del enemigo.

 

Tú eres nuestra protección, Señor.

 

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!