Mateo 19:3 (NTV) Unos fariseos se acercaron y trataron de tenderle una trampa con la siguiente pregunta:

 

—¿Se permite que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo?

 

Durante el ministerio de Jesús muchas personas se acercaban a Él por diferentes razones. Cuando predicaba en aldeas y ciudades, cuando sanaba enfermos o respondía preguntas profundas sobre la vida, siempre había personas con necesidades reales: algunos buscaban sanidad, otros buscaban respuestas espirituales y otros deseaban escuchar la verdad de la palabra de Dios.

 

También se acercaban personas movidas por la curiosidad. Habían escuchado acerca de su fama, de los milagros que hacía y de la autoridad con la que enseñaba, por lo que querían verlo con sus propios ojos. Un ejemplo claro de esto es aquel momento en el que Jesús estaba predicando dentro de una casa llena de gente. La multitud era tan grande que, para poder acercar a un paralítico hasta donde estaba Jesús, tuvieron que abrir el techo de la casa y bajarlo desde arriba. Aquella casa estaba llena de personas que querían escuchar, aprender y ser parte de lo que Dios estaba haciendo.

 

A Jesús se le acercaba todo tipo de personas. Había gente sencilla del pueblo, personas necesitadas, curiosos y también personas de gran influencia social. Entre ellos estaban algunos maestros de la ley, hombres reconocidos por su conocimiento religioso, como por ejemplo Nicodemo. Incluso gobernadores y líderes políticos de la época tenían curiosidad acerca de quién era Jesús y qué estaba enseñando.

 

Sin embargo, entre todos esos grupos también había personas que se acercaban con una intención muy diferente. Este grupo era conocido como los fariseos. Eran estudiosos de la ley, conocedores profundos de las Escrituras y muy estrictos en el cumplimiento de las normas religiosas. Para ellos, la ley debía cumplirse con el máximo rigor.

 

Cuando escucharon acerca de Jesús y de su mensaje, se opusieron fuertemente a lo que Él enseñaba. El mensaje de Jesús traía libertad, era profundo, espiritual y transformador. Sus enseñanzas eran revolucionarias para aquella época.

 

Por ejemplo, en un tiempo donde muchos líderes religiosos no daban importancia a las mujeres, Jesús las valoró, las incluyó entre sus seguidores y les dio un lugar dentro de su ministerio. Sus enseñanzas no contradecían la ley de Dios, pero sí llevaban a las personas a comprender el espíritu verdadero de la ley. Con Jesús comenzaba a manifestarse con claridad el tiempo de la gracia.

 

Por esa razón, los fariseos se convirtieron en uno de los principales grupos opositores a Jesús. Estaban constantemente buscando la manera de hacerlo caer en una contradicción, de atraparlo en sus palabras y de desacreditarlo públicamente frente a la gente.

 

Querían provocar una situación en la que Jesús dijera algo que pudiera interpretarse como contrario a las Escrituras o a las enseñanzas de Moisés. Si lograban hacerlo, tendrían la oportunidad de acusarlo y desacreditar su mensaje delante del pueblo.

 

Fue en ese contexto que le hicieron una pregunta aparentemente sencilla, pero que en realidad era una trampa cuidadosamente preparada. Le preguntaron: “¿Es permitido el divorcio, sí o no?”

 

La intención detrás de la pregunta era maliciosa. Si Jesús respondía que no era permitido el divorcio, inmediatamente podrían acusarlo diciendo que estaba contradiciendo a Moisés, quien había permitido dar carta de divorcio en ciertas circunstancias. Entonces dirían que Jesús estaba enseñando algo diferente a lo que se había enseñado por generaciones.

 

Por otro lado, si Jesús respondía que sí era permitido el divorcio, también podrían atacarlo diciendo que su enseñanza no traía restauración ni unidad, sino división. De una forma u otra, querían hacerlo caer.

 

En otras palabras, habían colocado a Jesús en una situación difícil, como decimos comúnmente: entre la espada y la pared. Cualquier respuesta podía ser utilizada para atacarlo. Aunque el devocional de hoy no pretende entrar en el debate sobre si el divorcio es correcto o incorrecto, o si es bíblico o no, la enseñanza central está en comprender algo muy importante.

 

El enemigo muchas veces buscará tender trampas en nuestra vida. No necesariamente porque desconozcamos la respuesta correcta, sino para observar cómo reaccionamos ante la presión. Eso fue exactamente lo que hicieron los fariseos con Jesús: querían ver cómo reaccionaría ante una situación complicada.

 

De la misma manera, en nuestra vida también enfrentamos momentos que parecen trampas o situaciones difíciles de resolver. Puede ser una enfermedad inesperada, una dificultad económica, un compromiso complicado o una circunstancia que nos pone en una posición muy difícil.

 

En esos momentos, el enemigo puede intentar colocarnos en una situación en la que parezca que no hay una salida fácil. No siempre lo hace para destruirnos inmediatamente, sino muchas veces para probar cuál será nuestra reacción. ¿Cómo reaccionaremos ante la dificultad? ¿Seguiremos confiando en Dios? ¿Mantendremos nuestra fe firme?

 

A veces la trampa no está en la situación en sí misma, sino en la manera en que respondemos frente a ella. Y si en este momento de tu vida sientes que estás en medio de una situación complicada, como si estuvieras entre la espada y la pared, puede ser que estés frente a una de esas trampas que buscan probar tu reacción, tu fe y tu confianza en Dios.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, nos acercamos a ti agradecidos por la enseñanza que encontramos en tu palabra.

 

A través de las Escrituras podemos ver que incluso Jesús enfrentó oposición, cuestionamientos y trampas preparadas por quienes querían hacerlo caer. No buscaban conocer la verdad, sino observar su reacción para poder acusarlo.

 

Señor, hoy entendemos que muchas veces el enemigo también intenta colocarnos en situaciones difíciles. Momentos en los que parece que estamos en una encrucijada, en aprietos o frente a una decisión complicada.

 

Hoy oramos especialmente por aquellos que se encuentran en una encrucijada. Por quienes sienten que el enemigo les ha tendido una trampa y no saben cómo salir de ella.

 

Te pedimos, Señor, que los bendigas, que los fortalezcas y que los guíes. Permite que puedan salir adelante con la cabeza en alto, con su fe intacta y con sus pies firmes sobre la roca que eres tú.

 

Oramos dándote gracias en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!