Alfa 103.9FM
Una Señal Celestial

El Devocional: Baja Tus Expectativas

 

Salmos 41:10 (NTV) Señor, ten misericordia de mí. ¡Devuélveme la salud para que pueda darles su merecido!

 

En general, la fe consiste en tener altas expectativas de las cosas grandes que Dios puede hacer por nosotros y para nosotros. Sin embargo, cuando hablamos de bajar nuestras expectativas, no nos referimos a lo que Dios puede hacer, porque eso sería caminar sin fe o con poca fe, sino a lo que esperamos de la gente.

 

De Dios puedes esperar mucho; de las personas, lo mejor es esperar poco o nada. Esa es la clave. Eleva tus expectativas acerca de lo que Dios puede hacer por ti, acerca de cómo Él puede responderte, pero bájalas en cuanto a lo que las personas puedan hacer o dar.

 

El problema es que muchos lo hacen al revés: de Dios no esperan nada y de la gente lo esperan todo. Y al final terminan decepcionados porque la gente falla, abandona, da la espalda y hasta traiciona. La mayoría de nuestras heridas y dolores emocionales provienen de expectativas puestas en las personas.

 

El Salmo 41 nos muestra a David en un momento de profunda crisis: estaba enfermo, convaleciente, herido emocionalmente y decepcionado. Había puesto altas expectativas en quienes lo rodeaban, pero esas mismas personas lo habían abandonado y criticado.

 

David dice en este salmo que lo visitaban solo para murmurar, para preguntarse cuánto le faltaba para morir, para divulgar chismes. Incluso reconoce con dolor: “Hasta mi mejor amigo, en quien tenía plena confianza, quien compartía mi comida, se ha puesto en mi contra.”

 

Herido y cargado de enojo, David clama: “Señor, ten misericordia de mí. Devuélveme la salud para que pueda darles su merecido.” Su deseo de recuperar la fuerza no era tanto por sanidad, sino para vengarse de quienes lo hirieron.

 

Aquí entendemos la gran lección: cuando ponemos demasiadas expectativas en las personas, tarde o temprano terminamos heridos. Y aunque David aprendió esta verdad de manera amarga, también nos enseña a no caer en el mismo error.

 

En lo personal, durante años he aprendido a aplicar esta fórmula: elevar mis expectativas de Dios y bajar las que tengo de la gente. Dios nunca falla, pero las personas son inconstantes: hoy están, mañana no; hoy te apoyan, mañana se olvidan de ti. Incluso Jesús lo dijo: “Ustedes me siguen porque les doy alimento.”

 

Por eso, queridos, el consejo de este devocional es claro: baja tus expectativas de las personas y eleva tus expectativas de Dios. Esa es la fórmula correcta para mantener la paz interior y la sanidad emocional.

 

Esto no significa que debamos vivir con odio, rencor o con deseos de venganza, como lo sintió David en su momento. No. En general, la gente puede ser buena, pero no debemos esperar demasiado de ellos. Nuestra plena confianza y esperanza deben estar puestas en Dios.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la sabiduría de tu Palabra. Con un solo versículo nos enseñas a poner nuestras expectativas en Ti y no en los demás.

 

Señor, reconocemos que las personas son limitadas, igual que nosotros. Pueden fallar, olvidar, traicionar o simplemente no estar cuando más los necesitamos. Pero Tú nunca fallas. Siempre has querido que pongamos toda nuestra esperanza en Ti.

 

Hoy oro por cada persona que participa de este devocional. Te pido que entiendan que los demás no podrán hacer lo que solo Tú puedes hacer. Que bajen sus expectativas de las personas y eleven sus expectativas de Ti.

 

Guarda nuestros corazones, Señor, para no caer en la rabia, la amargura o el deseo de venganza, como le pasó a David. Ayúdanos a mantener la paz interior y la sanidad emocional, confiando plenamente en Ti.

 

Gracias, Dios mío, porque en Ti podemos confiar sin reservas. Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret. 

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!

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