Eclesiastés 2:14 (NTV) Pues el sabio puede ver hacia dónde va, pero el necio camina a oscuras.
El sabio Salomón nos enseña que solo los sabios saben hacia dónde se dirigen. En sus propias palabras afirma que el sabio puede ver su destino, lo que implica que se requiere sabiduría, entendimiento y conocimiento para determinar el rumbo de la vida. Saber hacia dónde queremos llegar no es casualidad; es el resultado de una decisión consciente.
Ser sabio significa caminar con un plan, con propósito y con visión. Implica preguntarnos: ¿dónde pretendo estar dentro de un año?, ¿qué quiero alcanzar?, ¿hacia dónde me dirijo? Vivir conforme a una visión no es improvisar, es avanzar con claridad. Solo los sabios saben hacia dónde van porque han decidido pensar su futuro antes de caminarlo.
En contraste, Salomón describe al necio como aquel que camina a oscuras. Esto se refiere a personas que viven sin rumbo, sin una meta definida, sin un destino claro. Son personas que avanzan conforme la vida se presenta, sin dirección, dejándose llevar por las circunstancias, como quien surfea las olas sin saber a qué playa llegará.
Llega un momento en la vida en el que no podemos darnos el lujo de caminar sin dirección. Hay una etapa de madurez en la que perder el tiempo deja de ser una opción. No estamos para dejar que los años pasen solo porque el calendario avanza. Caminar un año más sin rumbo es caminar a oscuras.
Tal vez los jóvenes pueden permitirse caminar un tiempo sin claridad absoluta, porque tienen más tiempo por delante. Pero quienes ya hemos recorrido parte del camino de la vida no podemos seguir avanzando sin visión. No podemos darnos el lujo de seguir caminando a oscuras, sin saber hacia dónde vamos.
Es tiempo de hacer un plan y definir un rumbo claro. Es tiempo de aprovechar las experiencias vividas, la sabiduría que nos da la Palabra de Dios y el conocimiento que nuestro Padre celestial nos ha permitido adquirir. Aunque tome tiempo, unos días o incluso una semana, debemos sentarnos y definir con claridad hacia dónde nos dirigimos.
No podemos permitir que pase un año más sin saber qué pretendemos lograr. No queremos que las hojas del calendario sigan cayendo y terminar en el mismo lugar, simplemente porque caminamos a oscuras, sin una meta definida, sin una visión clara de lo que queríamos alcanzar.
Por eso, este devocional es una invitación a caminar por una visión y no en oscuridad. Salomón lo dejó claro cuando escribió: “El sabio puede ver hacia dónde va, pero el necio camina a oscuras.” Hoy está a nuestro alcance dejar de caminar sin rumbo y comenzar a caminar con visión, con dirección y con propósito.
Caminar por una visión comienza con algo muy práctico: sentarnos y escribir. Tomar una hoja y definir qué buscamos este año, qué pretendemos alcanzar y dónde queremos estar al finalizarlo. A veces es más fácil comenzar definiendo lo que no queremos, porque para muchos es complicado identificar lo que sí desean.
Saber lo que no queremos nos ayuda a aclarar lo que sí queremos. No quiero terminar el año enfermo, endeudado, en conflicto o reminds y understanding. After definir lo que no queremos, se vuelve más sencillo establecer lo que sí deseamos alcanzar y construir una visión clara. Este año caminemos por una visión. Dejemos atrás la oscuridad, la improvisación y la falta de rumbo. Caminemos con claridad, con sabiduría y con propósito.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque tú eres nuestro guía, nuestro mentor y nuestro maestro. Gracias porque hoy nos invitas a detenernos, a tomar tiempo y a reflexionar sobre el rumbo que estamos siguiendo.
Hoy nos recuerdas que no podemos caminar a oscuras, que eso es de necios y que no conduce a ningún destino. Nos enseñas que vivir sin visión no nos permite avanzar ni crecer.
Gracias porque por amor nos inspiras, nos hablas y nos dices que deseas vernos en un mejor lugar. Tú guías nuestro camino y diriges nuestra vida, y por eso te damos gracias.
Padre, permite que cada persona pueda sentarse y definir con claridad el rumbo que quiere tomar y el mapa que va a seguir. Inspíralos, háblales, dales ideas, dales revelación y, sobre todo, dales una visión clara.
Los ponemos en tus manos y oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!