Proverbios 19:21 (NTV) Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.
Las personas solemos proponernos trazar los pasos que vamos a dar hacia el futuro, pensando en lograr y alcanzar ciertas metas y objetivos. Esto no solo es bueno, sino necesario, ya que forma parte del crecimiento personal, del avance y de la transformación. En la vida es importante fijarse metas, establecer objetivos claros y trazar planes que nos permitan avanzar.
Siempre he creído que hacer planes es vital. Es importante escribirlos, declararlos y decir con claridad: “esto es lo que pretendo, esto es lo que busco, esto es lo que me propongo alcanzar”. Sin embargo, también considero que estos planes deben manejarse con sabiduría.
Regularmente, los planes deben ser personales, entre tú y Dios. No es recomendable hablarlos abiertamente con amigos, familiares o compañeros de trabajo. ¿Por qué razón? Porque cuando los planes son grandes, valiosos o dignos de admiración, pueden despertar reacciones que no siempre son positivas.
En muchos casos, las personas que están a nuestro alrededor no siempre desean vernos crecer. Son pocas las que realmente quieren verte avanzar. Generalmente, quienes desean tu crecimiento son personas que ya han crecido, que ya están en otro nivel. Aquellos a quienes les ha costado alcanzar nuevos niveles suelen estar dispuestos a ayudar a otros a subir.
Por el contrario, las personas que se encuentran en el mismo nivel en el que tú estás pueden sentir, incluso de manera inconsciente, que te pierden, que te alejas o que te vas. No siempre es por maldad, sino por temor o inseguridad. Por eso, es importante ser prudentes con nuestros planes.
Hacer planes, escribirlos y declararlos es necesario, pero no es sabio contarlos a todo el mundo. Estos deben compartirse con Dios y, en el caso de estar casado, con tu esposo o esposa. Con Dios siempre hay que contar, porque Él desea tu progreso, tu crecimiento y tu avance.
Dios siempre quiere verte escalar niveles en la vida, pero hay algo aún más importante: por encima de nuestros planes están los planes de Dios para nosotros. Los propósitos que Él diseñó para tu vida son superiores a cualquier planificación personal que puedas hacer.
Por eso, debemos asegurarnos de que nuestros planes estén alineados con el propósito de Dios. Es fundamental preguntarnos si lo que deseamos coincide con lo que Dios quiere hacer en nosotros y a través de nosotros.
Pensemos en un ejemplo. Tal vez alguien tenga como meta viajar por diferentes ciudades del mundo y conocer muchos lugares, confiando en que Dios le proveerá lo necesario. La pregunta sería: ¿ese deseo está alineado con el propósito de Dios para su vida?
Alguien podría pensar que no, pero la clave está en alinear el deseo con el plan de Dios. Si esa persona entiende que el propósito de Dios para su vida es predicar Su palabra, entonces puede transformar ese sueño en una herramienta para cumplir el llamado divino.
Por ejemplo, viajar a distintas ciudades, pero llevando la Palabra de Dios; sentarse por semanas o meses en un lugar, reunir personas, predicarles, formar grupos pequeños de estudio bíblico. Ahí el sueño personal se alinea con el propósito de Dios, porque ya no se trata solo de cumplir un deseo propio, sino de cumplir el plan divino.
De eso se trata: hacer planes, soñar, desear y proyectar el futuro, pero siempre tomando en cuenta el sueño que Dios tiene para nuestra vida. Cuando alineamos nuestros sueños con los sueños de Dios, el propósito se cumple y Su favor se manifiesta.
Por eso está escrito en Proverbios 19:21: “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.” Este es el más importante, y por esa razón los planes de Dios no cambian. Nuestra tarea es asegurarnos de que nuestros sueños estén alineados con los suyos.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de compartir y aprender de tu Palabra. Gracias porque hoy nos recuerdas que es importante hacer planes, pero también nos enseñas que esos planes deben alinearse con el propósito que tú tienes para nuestras vidas.
Señor, reconocemos que cuando ponemos nuestros sueños en tus manos y los sometemos a tu voluntad, esos sueños pueden realizarse de la manera correcta y en el tiempo perfecto.
Entregamos delante de ti a cada persona, especialmente a aquellos que sueñan, que anhelan, que desean ver cumplidos los deseos de su corazón. Ayúdalos a entender que tus planes y propósitos siempre prevalecerán por encima de cualquier plan humano.
Gracias, Dios, por guiarnos, por enseñarnos y por recordarnos que cuando alineamos nuestros sueños con los tuyos, caminamos seguros en tu voluntad.
Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!