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Una Señal Celestial

El Devocional: En Tiempos De Gran Angustia

 

Salmos 6:6 (NTV) Estoy agotado de tanto llorar. Toda la noche inundo mi cama con llanto; la empapo con mis lágrimas.

 

Este versículo refleja a un salmista que está viviendo en agonía literal. Es curioso que esta expresión de dolor y sufrimiento esté en el Salmo 6:6. Para muchos creyentes, el número 6 tiene un significado especial, ya que representa al hombre: fue el sexto día cuando Dios creó al hombre, y el séptimo día lo apartó para sí. Por eso el 7 es el número de Dios, y el 6, el del ser humano.

 

En este contexto, el salmista declara: “Estoy agotado de tanto llorar, toda la noche inundo mi cama con llanto, la empapo con mis lágrimas.” Esto nos muestra que incluso los grandes hombres de la fe pasaron por tiempos de gran angustia.

 

A lo largo de la Biblia encontramos ejemplos claros: Abraham, que anhelaba un hijo y clamaba por descendencia, vivió momentos de profunda frustración. Gedeón, escondido en una cueva para que no lo vieran los madianitas, sufría angustia y miedo. Y el mismo Señor Jesucristo, antes de ser capturado, experimentó una agonía tan intensa que sudaba gotas de sangre. Él mismo dijo: “Mi alma está angustiada hasta la muerte.”

 

Estos pasajes nos enseñan que la angustia y la agonía son experiencias inevitables en la vida humana. El salmista lo expresó con lágrimas; Jesús lo vivió en su carne; Abraham y Gedeón también lo padecieron. Todos, en algún momento, enfrentaron sufrimiento.

 

Yo mismo, de manera personal, también lo he experimentado. El tiempo de mayor angustia en mi vida fue después de un accidente vehicular en el que falleció mi hijo. Despertar a esa realidad fue devastador: ver la ausencia de esa pequeña vida, contemplar las piernas quebradas de mi esposa, y enfrentar un largo proceso de recuperación que duró un año y medio. A eso se sumó mi propia condición física, postrado en cama con huesos rotos e impotencia absoluta.

 

Ese nivel de dolor y angustia solo puede ser entregado a Dios. En medio de mi quebranto tuve que rendirme y decir: “Señor, que se haga tu voluntad.” Esa es la enseñanza que este pasaje trae a nuestro corazón: aunque el salmista diga “estoy agotado de tanto llorar”, en el mismo capítulo también clama: “Mi corazón está angustiado. ¿Cuánto falta, oh Señor, para que me restaures?”

 

Esto nos muestra que, aun en medio de la desesperación, los hijos de Dios mantenemos viva la esperanza. Lo que nos distingue de quienes no creen es que, en tiempos de angustia, no perdemos la fe. Seguimos esperando en Dios, confiando en que Él va a obrar a nuestro favor y a restaurar nuestros corazones.

 

El mismo Jesús, agonizando en la cruz, clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y aun así, en medio de ese aparente abandono, tenía la certeza de que el Espíritu de Dios le resucitaría de entre los muertos. David, Gedeón y tantos otros también esperaban la intervención divina.

 

La conclusión de este devocional es clara: todos pasaremos por momentos de gran angustia, llanto y desesperación. Todos, en alguna etapa, “empaparemos nuestra cama con lágrimas”. Pero también todos los que creemos en el Señor tenemos la esperanza de que Él nos restaurará, porque es nuestro Salvador y tiene las respuestas para nuestra vida.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret te damos gracias por la oportunidad de conectarnos contigo a través de tu Palabra. Reconocemos que este mundo caído nos lleva a experimentar momentos de dolor y agonía.

 

Señor, sabemos que habrá etapas de sufrimiento: la pérdida de un ser querido, la separación de un esposo o esposa, un divorcio, la quiebra de una empresa, una enfermedad, la traición o la necesidad de dejar un país para empezar de nuevo en otro. Sea cual sea la situación, en medio de la angustia y la impotencia, recurrimos a ti.

 

Hoy pedimos que fortalezcas a cada persona que está llorando, a quien ha despertado con su cama empapada de lágrimas. Restaura su corazón y hazle saber que no has perdido el control. Enséñanos a confiar en que todo lo que sucede obrará para nuestro bien, porque tu Palabra lo afirma.

 

Señor, en medio de la agonía te adoramos, te reconocemos y seguimos confiando en ti. Bendigo en tu nombre a cada persona que atraviesa tiempos de angustia, y oro para que reciban consuelo, fortaleza y esperanza.

 

En el nombre poderoso de Jesús de Nazaret oramos. 

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!

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