- 29 Dec 2025
- Category: Devocional
El Devocional: Qué Difícil Situación
Juan 7:5 (NTV) Ni siquiera sus hermanos creían en él.
Este versículo es muy corto, pero refleja una gran realidad de lo que le tocó vivir a nuestro Maestro, Dios y Señor Jesucristo. No todo lo tuvo fácil. Siempre existió mucha oposición: hubo gente que no creyó en Él, hubo quienes se oponían a su mensaje, lo criticaban y lo señalaban. Pero quizás lo más doloroso fue que ni siquiera sus propios hermanos, los hijos de María, creían en Él.
El Evangelio de Mateo también nos muestra otra escena que refleja esta verdad. Jesús estaba predicando cuando alguien se le acercó y le dijo: “Tu madre y tus hermanos están afuera y preguntan por ti.” Ese detalle muestra que ni su madre ni sus hermanos estaban interesados en escuchar sus enseñanzas. No estaban con la multitud, sino afuera, ocupados en otras cosas o quizás buscándolo después de varios días de no verlo, ya que Él recorría diferentes aldeas.
Frente a esta situación, Jesús preguntó delante de todos: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando a quienes lo escuchaban, respondió: “Estos son mi madre y mis hermanos: los que hacen la voluntad de Dios y escuchan su Palabra.” Con esto dejó claro que la verdadera familia espiritual son aquellos que hacen la voluntad de Dios.
Aquí encontramos dos realidades muy importantes. La primera: debemos desmitificar la idea de que Jesús fue hijo único de María. La Biblia enseña claramente que María tuvo otros hijos con José. Jesús fue concebido milagrosamente por el Espíritu Santo, antes de que María tuviera intimidad con José. Él estuvo a punto de abandonarla porque sabía que el embarazo no era suyo, hasta queun ángel le reveló que lo concebido era del Espíritu Santo. Pero después de esto, José y María continuaron con su matrimonio y su vida conyugal.
Es natural que, al tener intimidad como cualquier pareja, María concibiera y tuviera otros hijos. La Escritura lo confirma en varios pasajes: Juan 7:5 señala que “ni siquiera sus hermanos creían en Él”, y Mateo 13 menciona sus nombres y también a sus hermanas. Por eso, cuando la Biblia habla de “los hermanos de Jesús”, se refiere a sus hermanos de carne, no a los creyentes.
La segunda realidad: ni siquiera sus propios hermanos creían en Él. Qué difícil situación cuando los de tu propia casa no te apoyan, no confían en ti ni en tu llamado. Es doloroso cuando no escuchas de ellos palabras de ánimo, cuando no te respaldan ni reconocen lo que Dios está haciendo en tu vida.
Esto no le sucedió solo a Jesús. José, el soñador, también enfrentó el mismo dolor. Sus hermanos lo envidiaban, lo odiaban y hasta planearon matarlo. Sus enemigos no eran personas lejanas, sino de su propia sangre. Lo mismo experimentó Jesús: oposición desde su propio hogar.
Jesús literalmente tuvo que nadar contra corriente, soportar críticas, rechazo y falta de apoyo de su propia familia. Y esta es una realidad que también puede sucedernos a nosotros. Cuando emprendes un negocio, aceptas un llamado de Dios o decides caminar en fe, es probable que la oposición más fuerte venga de los tuyos. Puede que no encuentres apoyo en tu casa, que seas criticado, señalado o incluso excluido. Pero así como Dios estuvo con Jesús y con José, también estará contigo.
ORACIÓN

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret te damos gracias porque al leer tu Palabra abres nuestra mente a realidades que a veces nos cuesta aceptar. Hoy entendemos que Jesús tuvo hermanos de carne y sangre, hijos de María y José, y que ellos no creían en Él ni valoraban sus enseñanzas.
Señor, reconocemos que esto fue una situación muy difícil, pero también vemos que no lo detuvo. Jesús continuó enfocado en su llamado, sin dejar que la oposición de su propia casa arruinara su propósito.
Hoy oro por cada persona que participa de este devocional. Muchos están emprendiendo, aceptando un llamado de Dios o dando sus primeros pasos en una iglesia bíblica. Es posible que sean sus propios familiares quienes más se opongan, quienes los critiquen o hasta los rechacen.
Señor, fortalece a cada uno para que no se desanime. Recuérdales que a Ti también te sucedió, pero que siempre tuviste la victoria. Bendigo a cada persona que escucha y lee este devocional, y los entrego en tus manos, confiando en tu respaldo.
Oramos en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!
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