Alfa 103.9FM
Una Señal Celestial

El Devocional: Una Adoración Reverente

 

Salmos 5:7 (NTV) Gracias a tu amor inagotable, puedo entrar en tu casa; adoraré en tu templo con la más profunda reverencia.

 

El salmista nos enseña tres verdades muy importantes en este versículo. La primera es: “Gracias a tu amor inagotable.” Habla de un amor que jamás termina, un amor que siempre está presente sin importar nuestra conducta, nuestro pasado o lo que hayamos hecho en algún momento. El amor de Dios nunca se agota, nunca se acaba y nunca se termina.

 

Esto lo podemos comprender cuando nos ponemos en la posición de padres. Quienes tenemos hijos sabemos que, independientemente de lo que hagan, siempre los amaremos. Ese amor no se acaba porque son nuestros hijos. Aunque fallen, seguirán siendo nuestros hijos. De la misma manera, Dios no es un juez esperando nuestro error para condenarnos, sino un Padre que ama con un amor eterno e inagotable.

 

La segunda enseñanza es: “Puedo entrar en tu casa.” Entrar a la casa de Dios es un privilegio, un regalo que no todas las personas disfrutan. Hay quienes anhelarían estar en el templo, pero la carga de sus pecados, la rebeldía y el orgullo no les permiten acercarse. Se sienten abrumados por su falta de humillación y sometimiento a Dios. Simplemente no encuentran la libertad espiritual para presentarse ante Él.

 

Otros, por razones físicas, tampoco pueden entrar en la casa de Dios: algunos están privados de libertad en una prisión, otros postrados en una cama de enfermedad o convalecientes. Por eso, si tú tienes la oportunidad de entrar en el templo, valóralo y celébralo.

 

La tercera enseñanza es: “Adoraré en tu templo con la más profunda reverencia.” Si ya hemos reconocido su amor inagotable y si tenemos la libertad de llegar a la iglesia, no podemos desperdiciar ese tiempo. No es para distraernos mirando el reloj, revisando el celular o pensando en otras cosas, sino para adorar con un corazón enfocado.

 

La adoración no es un momento de rutina, es un acto de reverencia. Las canciones que cantamos en el templo no son simples melodías; son oraciones que alguien un día levantó al cielo y que se convirtieron en cánticos. Cuando no sabemos qué decirle a Dios, ahí están esas letras, convertidas en oración y alabanza.

 

La adoración ha existido por más de tres mil años. El salmista David puso música a sus oraciones con el arpa, y desde entonces la alabanza no se ha detenido. Cada vez que llegues a la casa de Dios, recuerda que tienes la oportunidad de adorarle con la más profunda reverencia.

 

La próxima vez que estés en su templo, deja a un lado tu celular, levanta tus manos, cierra tus ojos y concéntrate en Dios. Imagina al Señor sentado en el trono escuchando tu cántico. Hazlo con entrega, porque Él es digno y lo merece.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque tu Palabra nos instruye y nos guía. Hoy hemos aprendido que tu amor es inagotable, un amor que nunca termina y que nos permite entrar en tu casa.

 

Señor, reconocemos que estar en tu templo es un privilegio que no todos tienen, y por eso queremos aprovechar cada oportunidad para adorarte con reverencia. Te pedimos que nunca permitas que perdamos el tiempo en distracciones, sino que nuestra mente y corazón estén enfocados en ti.

 

Padre, enséñanos a vivir la adoración como lo hacía el salmista: con la más profunda reverencia, con corazones agradecidos y con una entrega total. Que cada uno de tus hijos, al entrar a tu casa, entienda que es un momento sagrado para exaltarte, y que lo haga con humildad, devoción y amor.

 

Hoy bendigo a cada persona que participa de este devocional. Te ruego que fortalezcas su fe, que les des libertad para adorarte y que comprendan que tu amor inagotable siempre los espera.

 

Gracias, Dios, por recibir nuestra adoración. Lo pedimos en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret. 

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!

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